Derrumbe y memoria

Florece cada día, algo nuevo, en recuerdo, colorista, en derredor de la figura que había caído en el olvido desde hacía tiempo. Es un memorial con carácter infantil, reciente, de antes justo de la primavera. Se encuentra frente, ante, casi internado al mar.
Ha caído como tantos, como tantas cosas en la ciudad del olvido, que a veces no olvida todo o por lo menos ‘de pronto’. Son los avatares, la herrumbre, el tiempo impenitente ante la desidia, ante la sola simulación de que en el momento casi final querer arrepentirse y buscar una nueva recreación, cuando ya ‘nada cabe’.
Lo inevitable llega por sí solo. El mar lo sabe, porque lo cantó un zaragozano que cuenta con el río que nos va a endulzar a todos: ‘el mar no cesa’. La memoria tiene límites, la acción también, la inacción… Lo mismo.

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