Gómez Abad con sus bodegones en el Patio de Luces

Una muestra antológica del reconocido pintor de Pechina se puede ver hasta final de mes

Bodegones, que fueron un parte fundamental de los motivos que abordó en sus lienzos, y paisajes, otro de sus fuertes, son el grueso de la exposición ‘Gómez Abad. Vivir la pintura’ que la Diputación Provincial dedica al pintor pechinero que falleció en 1993.
Con inauguración el martes 6 a las ocho de la tarde, la muestra que además recoge dibujos a gatito y carboncillo y un serial de tintas grasas de su primera época, se podrá visitar de lunes a viernes de 10 a 14 horas y de 17 a 20:30 horas y los sábados de 10 a 14 horas hasta el próximo 27 de febrero.
A la muestra se le une un rico catálogo editado por el IEA con la selección de obra y textos de los comisarios Sánchez Barazas y Ramón Crespo.
José Gómez Abad nació en Pechina en 1904 y falleció en Almería en 1993. Conocido por el pintor de las uvas y sus conseguidos bodegones, ha llegado a ser profeta en su tierra y es considerado como uno de los pintores figurativistas más reconocidos de la Almería del siglo XX, junto al alhameño Moncada Calvache.

Biografía primera

De pequeño acudía a una academia de arte situada en la calle Real, pero dejó pronto las clases para incorporarse al trabajo; esta carencia de formación reglada le confirió siempre la definición de autodidacta. El trabajo no le satisfacía del todo y, ya en 1931, marcha a Madrid, donde empieza a pintar. A su vuelta decide exponer en un comercio de Almería y, en 1936, aprovechando un viaje a Barcelona, expone por primera vez en la Galería Layetana. Estalla la Guerra Civil y tiene que dejar todo para trasladarse a Valencia y, de ahí, a Almería. Tras la contienda, vuelve al trabajo y marcha a Barcelona (1941) con 6 cuadros que vende rápidamente.
A su regreso a Almería decide dejar el trabajo para dedicarse por completo a la pintura y, en 1942, vuelve a Barcelona con gran éxito de público y crítica. Perceval en una entrevista a Fausto Romero le adujo, caricaturizando a este autor que “algunos pintan lo que les gustaría comerse”, y Eugenio D’ors en el primer salón de otoño de Madrid, donde acudieron los Indalianos le parecía que desentonaba. Defensor del naturalismo, Gomez Abad pudo vivir de su pintura vendida a coleccionistas y particulares, pujando junto a Moncada Calvache por un arte clásico, donde destacaban las naturalezas muertas en las que un elemento primordial: la uva de Almería suponían un ejercicio repetitivo de cromatismos y volúmenes, brillos y opacidades.
La muestra de estos días la Diputación de  Almería se ha configurado con obras cedidas por sus dos hijos, y por las de algunos particulares que las poseen en sus colecciones.

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