Nuevos aires

Fue como espontáneo, una muestra de la alegría por la situación, por el momento, por el hecho de que a partir de ese momento se empezaba a celebrar. Era una muestra masculina, entre las chicas no se da, o al menos apenas se ve, tenía de pictórico aquello que grabó para el mundo posterior Goya con ‘El Pelele’, donde, ¡qué cosa!, sí que son las chicas, las majas sanisidriles las que vapulean a un muñeco de trapo. Nuestra escena no era igual que el cartón para tapiz del sordo zaragozano, lo nuestro era la euforia viva, un juego también, pero un juego de efusión, de algarabía, de celebración compartida, lo cual no resta mofa ante quien se ve por los aires, manteado a brazo partido, con las ropas de gala indispuestas, mientras las chicas, reinas por un día, miran atónitas al homenajeado, zarandeado, ellas no se hubieran querido ver así, es evidente, yo tampoco, pero el perro, que es muy bullanguero, sí, aunque no lo mereciera.

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