Ismael Serrano

Aquella noche coincidimos en la pagoda de hippies, heavys y punkis que se llamaba Tormenta de Tormento, yo iba de hábito, porque mañana era nunca… Hasta que bajaban la persiana. Mi acompañante se percató que llegaba, rodeado de unos pocos -y una chica que parecía ser algo especial-, el artista: Ismael Serrano, al que habíamos visto una hora antes defendiendo en el templo del ladrillo frente al mar ‘La memoria de los peces’, su segundo disco, además de todo el repertorio del primero ‘Atrapados en azul’, con su himno que aún hoy vive ‘Papá cuéntame otra vez’.
Allí estaba el tío, bebiendo el calimocho que preparaban El Chema y El Paco con el vino de la sierra, y Sergio, mi acompañante, emocionaíllo, le saludó y le felicitó, ¡claro!
Había llegado al panorama de los nuevos cantautores una voz grave, de dicción profunda y entonación larga y redonda, una forma de hacer las letras (tristes sí, de amor y sociopolítica) pero con cierta sorna hacia un panorama de fin de siglo, donde las revoluciones se sabían perdidas. Tuvo ¡los santos! este jovencito de Madrid (que es de mi generación) de escribir ese tema ‘Tierna y dulce historia de amor’ que hoy, a la luz de este tiempo empercudido, le granjearía de facto una acusación de perversión. A mí me gustaba especialmente ‘Vine del norte’, donde ya le salían las ganas trasatlánticas.
La gente, los ‘estudiosillos’, le comparaban, salvando el magisterio, con Serrat, también por sus discursitos entre canción y canción; fue curtiéndose Serrano una carrera que iba in crescendo hasta su cuarto disco: ‘La traición de Wendy’. Después se diluyó, digo yo, un tanto la cosa, tanto que con la crisis y las horas chungas, un amigo me dijo que podía venir a su cumple, ¿o a la fiesta de su separación? -no recuerdo bien- por un ‘precio módico’, pero no ocurrió.
Ismael Serrano vuelve a esta tierra ahora con un disco de auto homenaje y de reconocimiento a los grandes, grabado en directo, con nuevas armonías y mucho instrumento. Con un tino purísimo de cantautor lo ha bautizado con su nombre y un después: ’20 años, hoy es siempre’.
Recuerdo en aquella época de hasta el 2005 el panorama cooperativo que nos rodeaba: las tiendas de solidaridad, los pantalones nepalíes de colores, las teterías. Eso antes, después llegó a esta España el Banco de Alimentos, la prima de riesgo y la moda de los gin-tonics salpimentados. Hoy es siempre… ¡Un decir! A mi me queda que no he sabido casi nada desde entonces de Sergio Rodas, quien me acompañaba, y uno de los que más sabía y sabrá de cantautores de aquí y allá, y que de este disco homenaje que ha hecho Serrano, y al que les conmino que vayan a oír en directo al Auditorio de Almería el 5 de mayo, me ha parecido muy pertinaz la inclusión de ‘Todo cambia’, de la gaucha de pelo zaíno que tenía en su voz rotunda el sentir popular: Mercedes Sosa. Un tema que Ismael inicia con una suavidad que vuelve a emocionar, y nos deja aquí, en este presente continuo que no es ni ayer, ni mañana… y es “siempre” sólo en el momento eterno de la canción en directo, enérgica, fugaz y vivífica. Luego: recuerdo, ya ven.

Luis García Yepes

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