Noventa años del literario Crimen de Níjar

La fuga de Francisca Cañadas y la trágica muerte de su amante en 1928 inspiró ‘Bodas de Sangre’ y ‘Puñal de Claveles’

Una historia de amor irrefrenable, una traición, los intereses creados, un plante y un muerto traman la realidad de la madrugada del 23 de julio de 1928 en El Cortijo del Fraile, junto a Los Albaricoques en Nijar, y sirvieron de vitamina para que el ya afamado autor Federico García Lorca compusiera ‘Bodas de Sangre’, uno de sus dramas teatrales más representados junto a ‘La Casa de Bernarda Alba’.
Los hechos por claros intereses hereditarios y que pudieron devenir en otro crimen de honor (como se llamaba hasta entonces, estamos en la Dictadura de Primo de Rivera) han sacudido durante décadas a la Comarca de Níjar, y aunque sus protagonistas han vivido hasta finales de los 80 (excepto el asesinado, Francisco Montes Cañadas), sobre todo el caso se ha cernido un silencio hondo, que reiteradamente la prensa ha querido develar sin éxito.
A la obra de Lorca, le antecedió como narrativa breve la titulada ‘Puñal de Claveles’ de la almeriense Carmen de Burgos, de tono menor.
El emblema patrimonial de esta historia es El Cortijo del Fraile, hoy casi destruido, pues allí, previo al casamiento religioso previsto entre Francisca Cañadas Morales y Casimiro Pérez Pinos, es donde se celebraba en la madrugada del día 23 de julio de aquel 1928 el convite por las nupcias, pues era costumbre por esos parajes almerienses, y en otros lugares de España, casarse en verano de madrugada y que los festejos comenzaran antes de echarse las bendiciones.
La boda que entre estos dos primos nunca tuvo ocasión en la iglesia de Fernán Pérez, aún en pie, y bien conservada, acabó con un muerto: Francisco Montes Cañadas, a su vez primo de la novia.
Completan la presentación de personajes centrales la hermana de la novia, Carmen Cañadas Morales y su marido José Pérez Pinos, padres de dos hijos, que tenían mucho interés en el enlace de aquellos dos, que se llevaban nueve años de diferencia (él a ella), pues el padre de ambas (Francisca y Carmen Cañadas) les había prometido a sus hijas que les cedería la explotación de los terrenos con sus cultivos, una vez que la hija pequeña estuviera casada.
Nos sustraemos noventa años atrás, el paraje propiedad familiar era de cultivo en una comarca pobre, donde las minas de Rodalquilar iban a menos, se daba el esparto y una agricultura de subsistencia. Al gran Cortijo del Fralie, que fue un convento dominico, van llegando los invitados de distintos lugares de Los Campos de Níjar, llegan en tartanas, cabalgaduras, algunos andando.
Por la posición familiar, se han matado dos cabritos, traído varias arrobas de vino, tostado kilos de garbanzos y se fríen buñuelos. No parecía ser costumbre que los novios no se vieran ante la presencia de otros adultos previo a las nupcias, en los previos Casimiro y Francisca estan juntos en la cocina, mientras la gente come y bebe en el patio, hablando de su vida próxima, cuando hacia las diez de la noche el prometido se siente indispuesto, es arropado por Francisca Cañadas (que en adelante llamaremos Paquita) quien le recomienda dormir.

Propuesta y fuga

Entre los invitados está Francisco Montes Cañadas, primo de Paquita, próximo a su edad, a quien Paquita desea como novio, pero al presentar ella una ostensible cojera y un defecto visual y él no tomar la iniciativa, nunca se ha atrevido a insinuarse. Pero esta madrugada del 23 de julio la historia se va a reconvertir. Francisco, venido de Los Pipaces, donde vive, apercibido al llegar de que el novio está indispuesto: le propone a Paquita -mientras la gente se divierte a lo suyo tragando, tarareando y bailando con música de cuerda-, darse a la fuga.
Pese a los menosprecios que Paquita había visto anteriormente hacia su persona, le sorprende esta propuesta y duda. Según argumentó en el juicio tras los hechos por venir, en el que también reconoció el enamoramiento hacia su primo y se deslizó que la propuesta repentina de Francisco se debía a la buena dote con que su padre la iba a dotar cuando contrajera matrimonio.
La novia se va arreglando con el pensamiento en la propuesta, Paquita decide, una vez compuesta, contestar que sí desde una ventana a su nuevo pretendiente; dejando a un lado a Casimiro que sigue indispuesto. Una escalera lateral da paso a la novia hacia la trasera del cortijo, donde se presenta el nuevo amado sobre una mula y en secuencia cortesana se dan a la fuga, llevando ella un atillo con ropa de calle. Discurren al trote, cruzándose con algunos invitados rezagados que por el mimso camino van acercándose al lugar de celebración: El Cortijo del Fraile.
Recorridos unos kilómetros, en el paraje llamado Haza de Capellanía, Paquita que va a la grupa de la mula descubre dos bultos. Cerca de la hora de tener que partir para la iglesia de Fernán Pérez, los invitados y los propios padres se impacientan al ver que no aparece la novia, el propio prometido, Casimiro, también. Pasada la media y la hora, los presentes intuyen, echando en falta además a Francisco, que aquello acabará en desaguisado, y los rumores comienzan a correr, algunos deciden marcharse a sus casas.
El hermano de Francisco (el fugado), Manuel Montes Cañadas, se echa con su hermana menor a buscarlos, cuando llegan a la altura del paraje citado se encuentran tendido en el suelo a su propio hermano Francisco y junto a un balate a Paquita aterrada, acurrucada, temblando y con moratones en el cuello, según declaración el juicio recogida por la prensa de la época.
-¿Qué ha pasado, Paquita? (preguntan a Paquita)
-Nada se, dame dos tiros pero nada se. (adujo Paquita)
Argumentando la novia que no se movía de allí hasta que llegara la Guardia Civil. La hermana del muerto perdió la razón, años después en las pocas declaraciones que la prensa pudo registrar (además de las vistas del juicio, que están todas), Manuel contaba de esta forma el estado de la niña: “mi hermana pilló un pasmo en la sangre que la dejó mala para toda la vida”.

Detenciones y juicio

La Guardia Civil detuvo a Paquita, a Casimiro y al padre de Paquita en un primer momento. Los rumores en todo el Campo de Níjar se acrecentaron en los días siguientes. Sólo quedaron claras las intenciones de los fugados, mas no el desenlace mortal en todo aquel barullo.
El caso se llevó al juzgado de Sorbas donde hubo dos vistas de forma rápida, en la primera Paquita aseguró que unos asaltantes acabaron con la vida de Francisco, y en la segunda, el 26 de julio de aquel 1928, aseguró en su interrogatorio que fue su ‘cuñado’ José, el hermano de Casimiro, quien mató a su amante.
El Juez determinó un careo entre el inculpado y el novio compuesto: José y Casimiro incurrieron en varias contradicciones. José se declaró autor del crimen aduciendo que había bebido en su cortijo de Los Pipaces y que al encontrarse en el camino a los dos fugados sintió “tal ofuscación e ira por la vergüenza que se le infería a mi hermano y tal la burla de que me hacía objeto mi cuñada Paca…”, bordando el motivo real al asegurar que con esa fuga veía frustrarse y desvanecerse sus ilusiones interesadas y egoístas del negocio que con el Cortijo del Fraile tanto él como su hermano Casimiro se iban a dotar, prosiguiendo que “en un arrebato loco me abalancé sobre el Paco Montes Cañadas, luchamos…” descargándose con que era la víctima la que llevaba un revólver, que él, más fuerte y corpulento, le arrebató al ver peligrar su vida y que con ese mismo arma “le propiné tres disparos”. Mientras, la hermana de la novia intento estrangular a esta, de ahí los moratones en el cuello de Paquita, pero consiguió solo dejarla inconsciente.
La sentencia determinó siete años de cárcel para José Pérez por asesinato, pero fue amnistiado al llegar la República, Carmen Cañadas fue condenada por intento de asesinato, pero al poco quedó libre.

La vida siguió

Casimiro Pérez, el novio, jamás volvió a ver a Paquita. Se casó con otra mujer y se fue a vivir a San José, donde murió en 1990, a los 92 años.
En 1981, el periódico La Voz de Almería intentó entrevistar a Casimiro, se negó amablemente a entrar en el fondo del la historia en la que se vio protagonista y de la que supo Federico García Lorca por un breve en el ABC. 53 años después de los hechos reales el entonces viejo Casimiro, solo adujo sobre los hechos reales, lo declarado en el juicio, y lo escrito por los literatos, que: “de tres partes, dos son mentira”, mantenía que su hermano no había matado a Francisco Montes, y reafirmó el móvil del trágico suceso, afirmando que los familiares del que se llevó a su prima querían quedarse con la dote que en un principio iban a ser para él y para su hermano.
En cuanto a Paquita Morales, a la que con el tiempo se acabó conociendo como Paca la Coja, se encerró en un cortijo del barrio nijareño de El Hualíx, donde murió en 1987. Los niños de Níjar se acercaban con miedo para verla.

Luis García Yepes
Coordinador de Ondeando

El Cortijo del Fraile, el símbolo, con un truculento pasado y un futuro aún muy incierto

‘El Cortijo del Fraile’, debe su actual nombre a la orden religiosa de los dominicos de Almería, que lo construyeron en el siglo XVIII como centro de una importante explotación agrícola de cereales, olivos y vides; y que en esa fecha se llamaba ‘El Cortijo del Hornillo’, porque albergaba en su patio central un gran horno de leña para la fabricación del pan de la comunidad. Tras la desamortización de Mendizábal en 1836, la finca se dividió y pasó por las manos de varios propietarios, que finalmente la vendieron en el siglo XIX a la familia de la burguesía almeriense de Don Antonio Acosta, que fue el artífice de su actual fisonomía al construir una ermita adosada a uno de sus laterales, y en cuyos sótanos se ubicó el panteón familiar.

Los herederos de Acosta, traspasaron el cortijo en régimen de aparcería a Francisco Cañadas, (el padre de la novia del famoso Crimen de Níjar, ocurrido en las inmediaciones del cortijo en 1928); manteniéndose este sistema de explotación hasta el final de la guerra civil, que es cuando el cortijo y la propiedad colindante pasan a manos del jefe provincial de sindicatos Don Lorenzo Gallardo, que lo venderá en plena transición española a la empresa Vandervelle, (relacionada con el presidente del gobierno en ese momento, Don Adolfo Suárez). Al poco tiempo, pasó a otra mercantil ligada a Juan Guerra, (el hermano del que fuera vicepresidente del gobierno Don Alfonso Guerra), que fracasó en su intento de construir en esa finca un campo de golf; y que finalmente vendió a la aseguradora francesa UAP para que ésta la hiciera llegar a sus actuales propietarias, las empresas agrícolas murcianas: ‘La Misión’ y Agrícola ‘Mar Menor’, que no son solo dueñas del edificio y las tierras de labor del Cortijo, si no que poseen hasta 724 hectáreas de los alrededores, incluyendo terrenos de las antiguas minas y lavaderos de oro de Rodalquilar.

El largo camino hacia su rehabilitación y puesta en valor

Desde el año 2002 diversos escritores, artistas e historiadores vienen denunciando el estado de abandono en que se encuentra ‘El Cortijo del Fraile’ y la necesidad de acometer con urgencia su restauración y puesta en valor; dada la singularidad de su edificación (un magnífico ejemplo de las grandes construcciones agrícolas del campo andaluz), el excepcional paisaje en el que se encuentra (en pleno corazón del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar), y la categoría de la obra literaria que inspiró primero a Carmen de Burgos Colombine en su novela ‘Puñal de Claveles’ y después a Federico García Lorca, que usó los dramáticos hechos ocurridos en el Cortijo para crear su universal tragedia ‘Bodas de Sangre’.

Estos intelectuales e investigadores reivindicaban ya desde entonces, que el Cortijo se convirtiese en el museo etnográfico del Parque Natural, con una especial dedicación al suceso del crimen y a las obras literarias que generó; de manera que los visitantes de dicho centro pudiesen entender perfectamente, la relación entre la vida, el trabajo y las pasiones que desataron el crimen acontecido en los campos de Níjar. A lo que las diferentes autoridades locales, provinciales y autonómicas contestaban con grandilocuentes declaraciones sobre la protección inminente y definitivas del Cortijo, que casi siempre se quedaban en nada.

En este sentido, ni siquiera la inclusión del Cortijo en el Catálogo General de Patrimonio Histórico Andaluz como Bien de Interés Cultural con la tipología de ‘Sitio Histórico’, publicado en BOJA de 2011, ha conseguido acabar con el abandono y el deterioro en que se encuentra el inmueble; como tampoco lo han logrado las sanciones impuestas por la Consejería de Cultura a los propietarios, que solo han servido para que éstos rehabilitaran de forma parcial la ermita, ante el riesgo de que el desplome de su techo arrastrara a la totalidad del edificio. Sigue por tanto el Cortijo en un lamentable estado de abandono y de suciedad, y con el peligro real de que las lluvias de cualquier otoño puedan arruinarlo definitivamente.

Por todo lo expuesto, y habida cuenta de que los propietarios no están dispuestos a actuar como mecenas de su singular patrimonio, y ni siquiera a utilizar el Cortijo como un reclamo comercial icónico para la venta de sus productos hortícolas; la única solución viable para conservar dignamente y valorizar dicho inmueble, es su compra por parte de la administración pública, incluso procediendo a su expropiación si sus propietarios se negasen a venderlo al justiprecio que se determinara tras una tasación imparcial.

Manuel Pérez Sola
activista cultural

Dibujo (Cortijo del Fraile) de Waldi Wrobel

One thought on “Noventa años del literario Crimen de Níjar”

  1. Algunos pasajes del relato creo que no son totalmente como ocurrieron los hechos pero si el resultado.
    Totalmente de acuerdo en que se deba rehabilitar y darle un destino cultural donde las generaciones venideras puedan comprender aunque sea un poquito lo que fue la vida en esta comarca de Nijar.

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