“Perceval era la encarnación de Almería y, a otro nivel, Manolo del Águila”

Fausto Romero-Miura/Abogado y escritor

Se cumplen esta segunda quincena de junio setenta años de la primera exposición de pintores Indalianos en Madrid, el gran hito que dimensionó al grupo cultural más influyente de Almería. A tenor de ello, hace un mes Fausto, el abogado que sigue ejerciendo (“los abogados no nos jubilamos nunca”), ha dado a luz el libro ‘Los Indalianos’, una recopilación de entrevistas realizadas entre 1973 y 1975 que ha salido tan tarde porque cuando quiso editarlo nadie apostó por él. Hoy está en las librerías gracias al IEA. El abogado, hoy sí, jubilado de su faceta docente en la UAL, nos habla abundantemente, carácter propio, de lo que fue aquello, y sobre todo de su mentor, Jesús de Perceval. Fausto, el ‘almeriense de pro’ que fue fotógrafo y director de cine, presidente de UCD, vicepresidente de Diputación e impulsor del Ateneo y “hasta tres veces propuesto para ministro”, sigue siendo a los 72 años “radical, liberal, y social”, también cristiano y republicano, le recuerda el interlocutor, “y curioso, sobre todo curioso”, apostilla él plácido, en una mañana de mayo, en el Quiosco Amalia.

– ¿Por qué ve el libro la luz tanto tiempo después?
– En realidad se lo presento al Instituto de Estudios Almerienses al principio de crearse y me lo rechazan, y en aquel momento no encontré quién quisiera publicarlo.
– ¿Cómo se te ocurrió la idea, con un conjunto de encuestas-entrevistas?
– Yo cuando vine de Madrid me metí en la vida cultural de Almería, empiezo a hacer cine, fotos, empiezo a ir a la Tertulia Indaliana. Yo soy curioso por definición. Con el tiempo yo quería saber qué fue aquello del Movimiento Indaliano de verdad, y la mejor manera era hablando con cada uno de ellos.
– ¿Les explicas qué es para difundirlo?
– Ellos sabían que eran entrevistas que se iban a publicar. Para todos confeccioné una encuesta con preguntas comunes y cuestiones personales. A todos los consideraba amigos, nos fuimos enrollando, y en esos años setenta veo que no había nada que les uniera. Capuleto lo explica muy bien, entraron en ese movimiento porque eran unos muertos de hambre y les protegió Perceval.
– Que tenía aparte de una cultura, una intuición grande, ¿no?
– A todo esto hay una cosa muy importante, Perceval tenía 30 años, Celia Viñas en aquel tiempo 29. Jesús era muy culto porque iba a Italia, su tía Concha, cuando aprobaba lo mandaba allí. Era inquieto, culto y fabulador… ¡Y monta la de Dios!, y Celia le sigue, y Fernando Ochotorena, y Pepe Arigo, el psiquiatra, y José Andrés Díaz. En un concurso de Educación y Descanso descubre a todos Los Indalianos, ‘Los Niños’, y a Diego Domínguez.
– A algunos se los lleva a su taller.
– Sí, a Alcaraz y López Díaz, como aprendices. Comienzan las tertulias, Perceval, fijándose en la figura de la Cueva de los Letreros, hace el dibujo del Indalo y se acerca a un joyero de la calle Mariana, para que haga varios, y todos los que formaron el grupo llegan a la Escuela de Artes con él puesto, y los profesores que había: Juan Cuadrado, José Tola, Román Anchóriz, creen que es una cosa política. Ahí está el símbolo que después se acogió, incluso Radio Moscú llegó a decir que eran comunistas.
Paco Capulino dice que el Indaliano fue el gran triunfador, el ídolo, el fetiche, que lo mismo va entre las tetas de una señorita que en el fornido pectoral de un boxeador.
– Al principio fue como una escuela.
– No, todos coinciden en que no fue una escuela, fue un grupo, como grupo fue una gran verdad, en esto coinciden Jesús de Perceval y Miguel Rueda, aseguran que supuso el impulso de un pueblo, una conciencia colectiva, unida por esa figura, mostrar que Almería existía.
– Dices que eras amigo de todos ellos, pero a Perceval, en la entrevista, le dejas en evidencia, ¿tanta era la confianza?
– Jesús veía en mí a una persona que se interesaba por el arte, yo le enseñaba mis fotos. Jesús ve en mí a un hijo, un polemista, y un admirador profundo de él.
Hacia mí lo que más mostró es gratitud, y Jesús era el Leonardo de Almería. Yo iba muchas tardes allí, me sentaba en la cama turca de su estudio, hablábamos de todo menos de pintura, veía en mí una mente fértil en la que él podía sembrar intelectualmente. Veía que yo era crítico, y también amigo, porque para mí la base de la amistad es la lealtad, así que en la entrevista, como negaba una cosa, lo del concurso de tema obligado, que yo sabía que era verdad, le tuve que decir “Jesús no me puedes decir eso, me estás mintiendo”.
– ¿De todas las conversaciones del libro, cuál te gustó más?
– Cada una tuvo lo suyo, pero la de Luis Cañadas es una bendición, se celebró en mi casa en el Parque, con el mar al fondo, con el magnetofón en una mesa pequeña de forja, todo un día.
– ¿Te parecía Perceval muy fabulador, casi impostor?
– No, impostor no. Era muy soberbio. Date cuenta que él se queda solo, Los Indalianos desaparecen… Mantenía la tertulia, que él muñía, pero no sabía muy bien lo que pretendía, él era el epicentro, engatusaba. Allí iba como una clá, gente mayor, se repasaban las cosas que habían ocurrido durante la semana, era una cosa muy aldeana.
– ¿Y tú promocionas el Ateneo y se cabreó contigo?
– Si, fundamos el Ateneo como una reacción a eso y en la presentación en el Cervantes llegó con su gente y esa pancarta que se ve en una foto que pone ‘Observadores Extranjeros’. Creamos el Ateneo porque creíamos que había que derribar muros. Él decía que era una cosa decimonónica.
– ¿Perceval como pintor, en Madrid, pudo correr mejor suerte?
– Jesús se equivoca viniéndose a Almería, en Madrid se hubiera hecho un hueco, hubiera vivido bien de la pintura, pero ¡claro! aquí tenía una mujer, sus hijas. Él en Madrid frecuentaba a Ramón Gómez de la Serna, Eugenio D’ors, La Colombine, Juan Aparicio, asistía a la tertulia del café Pombo. Hubiera triunfado y explotado el Indalismo.
– ¿Nunca te confió por qué se volvió?
– Por razones familiares entiendo, él tenía su vida hecha aquí, era el líder cultural de Almería, a lo mejor prefirió ser cabeza de ratón. Tenía una vida cómoda, encargos oficiales. Cada vez que venía un extranjero había que llevarlo a ver a Perceval, era la encarnación de Almería, y a otro nivel Manolo del Águila.
Luego fue tarde para irse, en los años sesenta ya le frecuenta Rafael Zabaleta y él decía que influía en aquél y era al revés.
En los años setenta comenzó la producción en serie de cabezas, que las pintaba sentado incluso, todas las vendía a buen precio, y descubre la comodidad de la pintura, ya había pintado Los Inocentes. Los del grupo ya desde tiempo atrás no estaban: Cantón en Huércal-Overa, Capulino en Venezuela, Alcaraz en París. Es como un padre perdido.
-Cañadas indica en el libro que a lo que se debía dedicar Perceval es a hacer su obra.
– Ya te digo, se dedicó a hacer cabezas a la encaustica que vendía muy bien. Un día yo estaba presente e hizo una con un peinado moderno, iba a seguir tocándole y le dije: “no des un toque más”. Jesús era generosísimo, esa se la compré, pero me regaló muchas otros dibujos y obras, yo pasaba muchas tardes en su estudio desde que volví a Almería, cuando salía de allí. Trinidad de la Cámara, su mujer, me decía: “¿Qué te ha dado Jesús?”. Y me limpiaba.
– ¿Qué fue en realidad, Fausto, el Movimiento Indaliano?
– Fue Cristo y sus apóstoles. Eso era: el líder con sus niños.
– Nace en una España destrozada y en una esquina ¿Cómo le hacen caso?
– Ya te digo, Perceval tenía conexiones con D’ors, Gómez de la Serna y La Colombine, de cuando él estudió Bellas Artes en Madrid, y en aquella exposición de 1947 en la Villa y Corte triunfan Jesús y los niños. Triunfan porque presentan un paisaje virgen, con un color salvaje, que es una explosión de vida.
– ¿Quedó el ídolo popular de aquello, y lo fueron desterrando de sus firmas todos menos Perceval y Cantón?
– Si, lo destierran, tengo un cuadro de Alcaraz de 1953 que ya no pone el muñeco, y Cañadas en 1961 tampoco.
– ¿Has visto en el Museo Doña Pakyta como están representados Los Indalianos?
– No, el director es un tipo estupendo, pero yo no visito ese museo mientras se llame Doña Pakyta con “K” e “Y”. Es el único museo de pintura que tenemos junto al de Ibáñez en Olula, se debía llamar Museo de Almería. He ido sólo para recoger un cuadro de Capuleto que cedí, no pasé dirección.
– ¿Los Indalianos merecen un mueso para ellos solos?
– No para ellos solos, pero sí con varias salas para ellos. La gente dice Almería tierra de pintores como si fueran tomates o berenjenas, y no, y con que tuviera 1 o 2 buenos en su historia sería mucho. Debería tener un mueso Indálico, no Indaliano, con gente como Vicente Ferrer Vicente, Pepe Domingo, Antonio Molina, Juan de Haro, Juan Cristóbal, que todo el mundo se creía que era de Granada, Jesús de Haro, Dionisio Godoy… Pero aparte, lo que debería tener Almería es un museo de las cosas de Almería, ahí, en la Casa de Las Mariposas mismo, con todo, usos, costumbres, guitarra, pintura. Como una toma de contacto, y después los museos específicos.

Luis G. Yepes. Foto: Manuel Gómez

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